Me encuentro cada día con los que viven asegurándoles a los tontos que son genios creyendo que con esto aumentan su autoestima cuando en realidad lo están sustituyendo por una burda hipocresía, cuando no con una burla perversa. No es así. La autoestima alta de un tonto debería expresarse afirmando: "Sí, en algunos aspectos soy un poco tonto, ¿Y qué? ¿Por qué todo el mundo tiene que ser inteligente? ¿Por qué algunos no podemos ser tontos? ¿Qué pasa, los tontos no tenemos derecho a vivir, acaso? ¡Hay muchas cosas que puedo hacer tan bien como otros y unas pocas puedo hacerlas mejor que la mayoría!". Supongamos ahora mismo que yo soy un tonto(No hay que ser demasiado imaginativo, pensarás...) Pregunto: ¿Y qué si lo soy?... ¿Cual es el problema de que sea así? ¿Por qué tendría que ser siempre ordenado, eficiente, eficaz ? ¿Por qué debería tener siempre la respuesta más correcta y adecuada o hacer siempre lo que se debe hacer? Pues no, en algunos aspectos de mi vida ¡Soy flor de "boludo"! Si te soy sincero, hace mucho que ha dejado de molestarme admitirlo. Y esto es tener la autoestima en su lugar; saber sin avergonzarme que hay aspectos en los que tengo ciertas capacidades y saber sin avergonzarme tampoco que hay otros en los que no los tengo. Allí en ese hueco habitan todas mis incapacidades y mis discapacidades. Las mías y las de todos. Porque, nos guste o no, de alguna forma todos somos incapaces de algo y, en alguna medida, todos somos discapacitados...
... Sin embargo, como te digo esto te digo lo otro. Cuidado con escudarme en "mis incapacidades" para justificar mi flojera o utilizarla como excusa para que otros hagan por mí lo que no quiero hacer yo por mí. No planchar mi ropa, no limpiar mi casa, o no ordenar mi cuarto no pertenecen al club de las cosas en las cuales me pueda declarar incapaz...
-- Jorge Bucay --
No hay comentarios:
Publicar un comentario